Érase una vez una pequeña oruga que vivía debajo de una vieja caja de madera en un frío huerto de Salamanca. La pequeña oruga se llamaba Lola y tenía apenas veinte días de edad. Las orugas de su parcela eran robustas, con larga cola y gran cabeza, pero Lola era pequeña, delgada y mucho más lenta que las demás. Todas las noches las orugas salían de su vieja caja de madera y se dirigían hacia la mediana de las tres coles que había plantadas a unos diez metros. La pequeña oruga iba siempre detrás de las otras, que se reían constantemente de ella:
- Vamos Lola, más rápido, así nunca vas a llegar, cualquier día de éstos amanecerá y el gigante te pisará. Eres demasiado pequeña, nunca llegarás a ser mariposa.
Lola soñaba con ser una gran mariposa azul como su hermana Lila y poder volar muy alto, conocer nuevos campos y nuevas flores. Un día su hermana le dijo que al otro lado del camino había un campo con unas preciosas flores de pétalos del color de los tomates, y desde entonces Lola, cada vez que pasaba delante de los tomates, soñaba con que era una gran mariposa azul que se posaba en una bonita flor de pétalos color tomate.
Un día, cerca de la col mediana, Lola le habló a sus amigas Tina, Tena y Tuna de lo que le había contado su hermana.
- ¿Flores del color de un tomate? Jajaja – dijo, Tina, una bella oruga con un bonito lomo canela. – Cuando yo sea mariposa me iré muy lejos de aquí y tendré unas alas tan grandes que recorreré el mundo entero, pero tú eres tan pequeña que nunca podrás salir del capullo, no eres lo bastante fuerte para convertirte en mariposa.
Lola se entristeció, pensó que seguramente Tina tendría razón y que nunca llegaría a ser una hermosa mariposa azul, y mucho menos llegaría a ver esas flores color tomate.
Un mes después cuando Lola había alcanzado su madurez y estaba preparada para su conversión en mariposa, su madre le ayudó a subir a una bonita rama de pino donde pasó varios días hasta que se convirtió en crisálida, y varias semanas después y contra todo pronóstico, Lola consiguió salir de su capullo convertida en una gran y bella mariposa de alas azules y brillantes.

Decidida a partir lo antes posible hacia su nueva aventura más allá de la vieja caja de madera y de la col mediana volvió hacia su hogar para despedirse de su madre. Pero cuando llegó se encontró que había sucedido una terrible desgracia: todo había desaparecido. Su casa, su madre, sus vecinos, la col mediana e incluso las otras coles ya no estaban allí. Entonces Lola se dio cuenta de que era primavera, y de que seguramente su madre y los demás habrían partido hacia otra parcela buscando otra col. Y pensó en las otras crisálidas. ¿Qué será de Tina, Tena y Tuna cuando salgan de sus capullos y se den cuenta de que todo el mundo se ha ido? ¿Y si el gigante las encuentra?
Así que Lola volvió al pino a buscarlas, puso las tres crisálidas encima de sus alas y partió hacia un lugar seguro. Atravesó muros, parcelas, ríos, campos de pequeñas flores blancas y amarillas y verdes praderas, y una vez se sintió que estaba a salvo buscó un árbol grande y robusto para dejar las crisálidas. Días después, y tras muchas noches en vela haciendo guardia cuidando a las crisálidas, éstas salieron de sus capullos convertidas en tres pequeñas mariposas de color pardo.
- ¡Por fin hemos salido! Ahora emprenderemos el retorno a casa – dijo Tina.
- No podéis ir a casa, ya no tenéis casa – replicó Lola.
- ¿Cómo que no tenemos casa? ¿Y tú quién eres? – dijo Tuna.
- Soy Lola.
- ¿Que tú eres Lola? – replicó Tina.
- Sí, soy Lola. Yo os he traído aquí para que el gigante no os hiciese daño. Todos se han ido, ha llegado la primavera.
- Pero nosotras no podemos salir de aquí, somos tan pequeñas que no podemos volar muy alto y algún animal nos podría comer – dijo Tena asustada.
- No os preocupéis, yo os ayudaré. Os podéis subir en mis grandes alas, yo os llevaré a un lugar seguro – dijo Lola.
Y así Lola y las tres pequeñas mariposas partieron buscando un nuevo hogar. Cruzaron un ancho río, y tras sobrevolar una verde ladera llegaron a un hermoso campo lleno de flores de color tomate donde había millones de bellas mariposas de todos los colores y de todos los tamaños.
Lola pensó: “Aquí podremos ser felices, este será nuestro hogar”.
Para Claudia, mi pequeña crisálida.