jueves, 31 de marzo de 2011

{suerte}


"Aquél que dijo "más vale tener suerte que talento", conocía la esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte, asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control.
En un partido hay momentos en que la pelota golpea con el borde de la red, y durante una fracción de segundo puede seguir hacia delante o hacia detrás. Con un poco de suerte sigue hacia delante y ganas, o no lo hace y pierdes."
“Match Point”, Woody Allen (2005)


miércoles, 23 de marzo de 2011

{esa cosa llamada amor}


Gracias a ella me enfrenté por vez primera con mi ser natural mientras transcurrían mis noventa años. Descubrí que mi obsesión de que cada cosa estuviera en su puesto, cada asunto en su tiempo, cada palabra en su estilo, no era el premio merecido de una mente en orden, sino al contrario, todo un sistema de simulación inventado por mí para ocultar el desorden de mi naturaleza. Descubrí que no soy disciplinado por virtud, sino como reacción contra mi negligencia; que parezco generoso por encubrir mi mezquindad, que me paso de prudente por mal pensado, que soy conciliador para no sucumbir a mis cóleras reprimidas, que sólo soy puntual para que no se sepa cuán poco me importa el tiempo ajeno. Descubrí, en fin, que el amor no es un estado del alma sino un signo del zodíaco.

Me volví otro. Traté de releer los clásicos que me orientaron en la adolescencia, y no pude con ellos. Me sumergí en las letras románticas que repudié cuando mi madre quiso imponérmelas con mano dura, y por ellas tomé conciencia de que
la fuerza invencible que ha impulsado al mundo no son los amores felices sino los contrariados. (...)


Me pregunto cómo pude sucumbir en este vértigo perpetuo que yo mismo provocaba y temía. Flotaba entre nubes erráticas y hablaba conmigo mismo ante el espejo con la vana ilusión de averiguar quién soy. Era tal mi desvarío, que en una manifestación estudiantil con piedras y botellas, tuve que sacar fuerzas de flaqueza para no ponerme al frente con un letrero que consagrara mi verdad: Estoy loco de amor”.
{Memoria de mis putas tristes}
Gabriel García Márquez

{Bruno y el gran oso polar}


Érase una vez un niño llamado Bruno que vivía en un pequeño pueblo de Navarra. Bruno todas las noches salía de su casa e iba al bosque, se sentaba en la hierba y pedía un deseo a las estrellas. Una fría noche de invierno, cuando Bruno se dirigía al bosque, vio que algo se movía detrás de unos arbustos. Pensó que sería un conejo, o peor, un zorro, pero la curiosidad pudo más que el miedo y Bruno se acercó para ver qué era. Se metió entre los arbustos y vio una gran bola de pelo blanco delante de una madriguera hecha en el hueco de una roca. "Un oso, un enorme oso polar". Con mucho cuidado se dio la vuelta para no despertarlo, pero el oso sobresaltado se levantó de repente.
- ¿Qué estás haciendo tú aquí a esta hora y solo? Es peligroso andar solo por el bosque y más en invierno - dijo el oso.
- He venido a pedirle un deseo a las estrellas – dijo Bruno.
- ¿Un deseo a las estrellas? ¡Qué tontería! – dijo el oso en tono burlesco.
- Sí, las estrellas conceden deseos.
- ¿Y te han concedido alguno? – replicó oso.
- Aún no, pero seguro que pronto lo harán – dijo Bruno. – Siéntate allí conmigo y pide tú también uno.
El oso siguió a Bruno, que le condujo a una hermosa ladera donde las estrellas lucían más que en ningún otro sitio de todo el pueblo. Los dos se sentaron y miraron al cielo.
- ¿Y tú qué vas a pedir? – dijo el oso.
- Yo voy a pedir una bicicleta nueva que la mía ya está muy vieja – contestó Bruno. - ¿Y tú?
- Yo voy a pedir que pase el invierno pronto y que los cazadores no se lleven a mi familia – dijo el oso.
- ¿Los cazadores?
- Sí, los cazadores vienen en invierno aprovechando que estamos invernando y se llevan a los osos polares, y nunca más vuelven. Así que mientras mi familia vive en la madriguera yo lo hago fuera para vigilar que los cazadores no les hagan daño mientras duermen - contestó el oso con tristeza.

Ilustración de Peter Wyse 
Al día siguiente Bruno volvió al bosque, pero antes pasó por la madriguera a buscar al oso. Los dos juntos fueron a la ladera a pedir su deseo a las estrellas.
- Estrellitas que estáis en el cielo, quiero una bici, por favor, concededme este deseo – suplicó Bruno.
- ¿Por qué no pides algo también para tu familia o tus amigos? – replicó el oso.
- No tengo amigos, y no los necesito, necesito una bici.
- Todo el mundo necesita amigos – dijo el oso.
- Yo no.
- Pues yo quiero que pase el invierno pronto y que no vengan los cazadores – dijo el oso con tristeza.

Y así Bruno y el gran oso polar iban cada día a pedir sus deseos a las estrellas. Cada noche los dos se sentaban en la ladera durante horas e imploraban a las estrellas por todo aquello que siempre desearon, Bruno por su bici y el oso porque los cazadores no les encontrasen.
Pero un día Bruno esperó durante horas en la ladera pero el gran oso polar no aparecía.
Qué raro que no haya venido hoy, espero que no le haya pasado nada”, pensó Bruno. Entonces fue a su madriguera y encontró todo destrozado, la madriguera vacía y ni rastro del gran oso polar y de los otros osos. Oh no, los cazadores se lo han llevado”.
Entonces Bruno corrió hacia la ladera con lágrimas en los ojos, se sentó y pidió su deseo:
Estrellitas que estáis en el cielo, olvidaros de la bici, ya no quiero una bici, quiero que mi amigo el oso vuelva”. Miró a las estrellas mientras sus lágrimas brotaban de sus ojos como gotas de lluvia. De repente las estrellas empezaron a brillar cada vez con mayor intensidad hasta que produjeron un mágico resplandor que durante unos segundos dejó ciego a Bruno. Unos minutos después y ante un Bruno que no podía creer lo que acababa de suceder, las estrellas se apagaron y acto seguido se volvieron a encender. Bruno las miró y por un instante creyó verlas sonreír.
Al día siguiente Bruno volvió a la ladera para volver a pedir su deseo.
Voy a volver a pedirle a las estrellas que me devuelvan a mi amigo, aunque no se vaya a cumplir mi deseo, las estrellas no cumplen deseos”.
- Claro que las estrellas cumplen deseos, sólo hay que pedirlos de corazón – susurró una voz entre la oscuridad.
- ¡Oso! ¡Has vuelto! – gritó un Bruno feliz abrazado a la enorme barriga peluda de su amigo.
- ¡Bruno! Ya pensé que no te volvería a ver... – dijo el oso emocionado ante el recibimiento de Bruno -. Fuimos capturados por un grupo de cazadores, pero algo extraño sucedió: hubo una especie de resplandor que cegó a los cazadores y que nos ayudó a escapar, y cuando ya estábamos fuera de la jaula las estrellas se apagaron y todo oscureció, así que los cazadores no pudieron seguirnos y pudimos volver a nuestra madriguera.
- ¡Mi deseo! ¡Las estrellas han cumplido mi deseo! – replicó Bruno con entusiasmo.
- Pero si tu deseo era tener una bici – dijo el oso extrañado.
- No, cuando tú desapareciste le pedí a las estrellas que volvieras, y se ha cumplido. No necesito una bici. Lo único que quiero de corazón en este mundo es un amigo como tú.

Para Beltrán, el gran soñador

martes, 22 de marzo de 2011

{cuentos de niños}


Ilustración de Cecilia Varela

Dejemos a los niños ser niños, hacer cosas de niños, jugar a juegos de niños y leer cosas de niños. Los cuentos son parte de nuestro patrimonio cultural e inculcan a nuestros niños valores necesarios para formarnos como personas, como la solidaridad, la amistad, el respeto y la generosidad. No olvidemos que los niños de hoy serán los gobernantes de mañana. 

lunes, 21 de marzo de 2011

{Lola la pequeña oruga}


Érase una vez una pequeña oruga que vivía debajo de una vieja caja de madera en un frío huerto de Salamanca. La pequeña oruga se llamaba Lola y tenía apenas veinte días de edad. Las orugas de su parcela eran robustas, con larga cola y gran cabeza, pero Lola era pequeña, delgada y mucho más lenta que las demás. Todas las noches las orugas salían de su vieja caja de madera y se dirigían hacia la mediana de las tres coles que había plantadas a unos diez metros. La pequeña oruga iba siempre detrás de las otras, que se reían constantemente de ella:
- Vamos Lola, más rápido, así nunca vas a llegar, cualquier día de éstos amanecerá y el gigante te pisará. Eres demasiado pequeña, nunca llegarás a ser mariposa.
Lola soñaba con ser una gran mariposa azul como su hermana Lila y poder volar muy alto, conocer nuevos campos y nuevas flores. Un día su hermana le dijo que al otro lado del camino había un campo con unas preciosas flores de pétalos del color de los tomates, y desde entonces Lola, cada vez que pasaba delante de los tomates, soñaba con que era una gran mariposa azul que se posaba en una bonita flor de pétalos color tomate.

Un día, cerca de la col mediana, Lola le habló a sus amigas Tina, Tena y Tuna de lo que le había contado su hermana.
- ¿Flores del color de un tomate? Jajaja – dijo, Tina, una bella oruga con un bonito lomo canela. – Cuando yo sea mariposa me iré muy lejos de aquí y tendré unas alas tan grandes que recorreré el mundo entero, pero tú eres tan pequeña que nunca podrás salir del capullo, no eres lo bastante fuerte para convertirte en mariposa.
Lola se entristeció, pensó que seguramente Tina tendría razón y que nunca llegaría a ser una hermosa mariposa azul, y mucho menos llegaría a ver esas flores color tomate.
Un mes después cuando Lola había alcanzado su madurez y estaba preparada para su conversión en mariposa, su madre le ayudó a subir a una bonita rama de pino donde pasó varios días hasta que se convirtió en crisálida, y varias semanas después y contra todo pronóstico, Lola consiguió salir de su capullo convertida en una gran y bella mariposa de alas azules y brillantes.



Decidida a partir lo antes posible hacia su nueva aventura más allá de la vieja caja de madera y de la col mediana volvió hacia su hogar para despedirse de su madre. Pero cuando llegó se encontró que había sucedido una terrible desgracia: todo había desaparecido. Su casa, su madre, sus vecinos, la col mediana e incluso las otras coles ya no estaban allí. Entonces Lola se dio cuenta de que era primavera, y de que seguramente su madre y los demás habrían partido hacia otra parcela buscando otra col. Y pensó en las otras crisálidas. ¿Qué será de Tina, Tena y Tuna cuando salgan de sus capullos y se den cuenta de que todo el mundo se ha ido? ¿Y si el gigante las encuentra?
Así que Lola volvió al pino a buscarlas, puso las tres crisálidas encima de sus alas y partió hacia un lugar seguro. Atravesó muros, parcelas, ríos, campos de pequeñas flores blancas y amarillas y verdes praderas, y una vez se sintió que estaba a salvo buscó un árbol grande y robusto para dejar las crisálidas. Días después, y tras muchas noches en vela haciendo guardia cuidando a las crisálidas, éstas salieron de sus capullos convertidas en tres pequeñas mariposas de color pardo.
- ¡Por fin hemos salido! Ahora emprenderemos el retorno a casa – dijo Tina.
- No podéis ir a casa, ya no tenéis casa – replicó Lola.
- ¿Cómo que no tenemos casa? ¿Y tú quién eres? – dijo Tuna.
- Soy Lola.
- ¿Que tú eres Lola? – replicó Tina.
- Sí, soy Lola. Yo os he traído aquí para que el gigante no os hiciese daño. Todos se han ido, ha llegado la primavera.
- Pero nosotras no podemos salir de aquí, somos tan pequeñas que no podemos volar muy alto y algún animal nos podría comer – dijo Tena asustada.
- No os preocupéis, yo os ayudaré. Os podéis subir en mis grandes alas, yo os llevaré a un lugar seguro – dijo Lola.
Y así Lola y las tres pequeñas mariposas partieron buscando un nuevo hogar. Cruzaron un ancho río, y tras sobrevolar una verde ladera llegaron a un hermoso campo lleno de flores de color tomate donde había millones de bellas mariposas de todos los colores y de todos los tamaños.
Lola pensó: “Aquí podremos ser felices, este será nuestro hogar”.

Para Claudia, mi pequeña crisálida.

{intolerancia}



No somos enemigos, sino amigos. No debemos ser enemigos. Si bien la pasión puede tensar nuestros lazos de afecto jamás debe romperlos. Las místicas cuerdas del recuerdo resonarán cuando vuelvan a sentir el tacto del buen ángel que llevamos dentro.


{Abraham Lincoln}


viernes, 18 de marzo de 2011

{de niños y de adultos}


Cuando yo tenía seis años vi una vez una lámina magnífica en un libro sobre el Bosque Virgen que se llamaba “Historias vividas”. Representaba una serpiente boa que se tragaba a una fiera. He aquí la copia del dibujo.

En el libro decía: "Las serpientes boas se tragan su presas enteras, sin masticarlas. Luego no pueden moverse y duermen durante los seis meses de la digestión".
Reflexioné mucho entonces sobre las aventuras de la selva y, a mi vez, logré trazar con un lápiz de color mi primer dibujo. Mi dibujo número 1. Era así:



Mostré mi obra maestra a las personas grandes y les pregunté si mi dibujo les asustaba.
Me contestaron: “¿Por qué habrá de asustar un sombrero?”
Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpiente boa que digería un elefante. Dibujé entonces el interior de la serpiente boa a fin de que las personas grandes pudiesen comprender. Siempre necesitan explicaciones.


Las personas grandes me aconsejaron que dejara a un lado los dibujos de serpientes boas abiertas o cerradas y que me interesara un poco más en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. Así fue como, a la edad de seis años, abandoné una magnífica carrera de pintor. Estaba desalentado por el fracaso de mi dibujo número 1 y de mi dibujo número 2. Las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas, y es agotador para los niños tener que darles siempre y siempre explicaciones.
Debí, pues, elegir otro oficio y aprendí a pilotar aviones. Volé un poco por todo el mundo. Es cierto que la geografía me sirvió de mucho. Al primer golpe de vista estaba en condiciones de distinguir China de Arizona. Es muy útil si uno llega a extraviarse durante la noche. Tuve así, en el curso de mi vida, muchísimas relaciones con muchísima gente seria. Viví mucho con personas grandes. Las he visto muy cerca. No he mejorado excesivamente mi opinión.
Cuando encontré alguna que me pareció un poco lúcida, hice la experiencia de mi dibujo número 1, que siempre he conservado. Quería saber si era verdaderamente comprensiva. Pero siempre me respondía: “Es un sombrero”. Entonces no le hablaba de serpientes boas, ni de bosques vírgenes, ni de estrellas. Me ponía a su altura. Le hablaba de bridge, de golf, de política y de corbatas. Y la persona grande se quedaba muy satisfecha de haber conocido a un hombre tan razonable.
{El principito}
Antoine de Saint-Exupéry

 

jueves, 17 de marzo de 2011

{carpe diem}


Solemos pensar que el futuro es el que marcará nuestra vida, le damos tanta importancia que a veces nos olvidamos de que realmente estamos viviendo en el presente, de que el futuro es incierto.
Nunca parecemos sentirnos suficientemente felices, pero erróneamente nos consolamos pensando que nuestro futuro será mejor. Nunca tenemos tiempo de hacer nada ni de decirles a nuestros seres queridos que nos importan. Nunca nos ponemos en su lugar, nunca pensamos que ellos pueden ser igual de infelices que nosotros y que a veces un “te quiero” es suficiente para paliar su infelicidad.



Esperamos a acabar la carrera para ser felices, pero una vez acabada la felicidad no llega. Esperamos a dejar nuestro trabajo actual para conseguir otro, pero cuando lo conseguimos seguimos siendo igual de desdichados. Decimos que nos vamos a apuntar a clases de pintura en cuanto acabemos la universidad, pero cuando acabamos la universidad decimos que iremos cuando acabemos el master, cuando acabamos el master decimos que iremos cuando tengamos trabajo y cuando tenemos trabajo decimos que cuando tengamos un trabajo mejor. Queremos viajar, pero pensamos que si no tenemos tiempo para la pintura tampoco lo tendremos para ver un musical en Nueva York. Nos ponemos a dieta y pensamos que cuando perdamos esos 10 kilos que nos sobran seremos más felices y podremos salir a cenar con nuestras amigas. Decimos que vamos a llamar a nuestra amiga hoy, pero los días pasan y seguimos sin saber nada de ella, ya nos veremos el fin de semana que viene, y si no al mes que viene. Seguimos acudiendo a nuestras aburridas clases como si fuésemos a Auschwitz pensando que cuando aprobemos la oposición todo cambiará.


Nos tiramos horas lamentándonos porque nuestra vida es un asco y rogamos a Dios que nos dé un poco de inspiración para encontrar la fórmula de la felicidad mañana, o el lunes, o la semana que viene, o el mes que viene, o cuando acabemos la carrera, o cuando tengamos novio, o cuando tengamos hijos, o cuando adelgacemos...

¿Qué tal si te dijera que la felicidad está delante de tus ojos pero no eres capaz de verla? La felicidad la puedes conseguir hoy, ¿por qué esperar a mañana?


No esperes a que llegue el fin de semana, llama a tu amiga y pasad un día juntas, los baldosines de la cocina pueden esperar un día más. Ponte esos pantalones que tanto te gustan aunque te queden un poco estrechos y sal con tus amigas a cenar.


Dile a tu novio cuánto le quieres cada día y bésale como lo hiciste la primera vez. Escápate un fin de semana con él a cualquier sitio, piensa que aunque quizás no sea el más bonito del mundo vosotros lo embelleceréis.


Ve a tus clases con una sonrisa y piensa en ellas no como un paso para conseguir tu objetivo, sino como un objetivo en sí. Apúntate a clases de pintura, es sólo una hora a la semana, date ese capricho. Intenta ver sólo las cosas buenas de tu trabajo, los amigos que tienes allí, que está cerca de tu casa, que la ensaladilla está muy buena...


Vive tu presente y olvídate del futuro. Haz lo que te apetezca en cada momento sin posponerlo, vive como si fuese el último día de tu vida.

NO EXISTE UN CAMINO HACIA LA FELICIDAD, LA FELICIDAD ES EL CAMINO.


{quién soy}


¿Puede saberse quién eres tú?- preguntó la Oruga. (...) Alicia contestó, algo intimidada:
- La verdad, señora, es que en estos momentos no estoy muy segura de quién soy. El caso es que sé muy bien quién era esta mañana, cuando me levanté, pero desde entonces he debido sufrir varias transformaciones.
- ¿Qué es lo que tratas de decirme?-dijo la Oruga con toda severidad-. Explícate, por favor!
-¡Ésa es justamente la cuestión! - exclamó Alicia-. No me puedo explicar a mí misma porque yo no soy yo, ¿se da usted cuenta?
- Pues no, no me doy cuenta - dijo la Oruga.



Ilustración de Alison Jay

- Siento no poder explicárselo a usted con mayor claridad- dijo Alicia en un tono muy cortés- porque, para empezar, ni yo misma lo entiendo... ¡Comprenderá usted que cambiar tantas veces de tamaño en un solo día no es fácil de entender!
- Sí es fácil, le replicó la Oruga.
- Bueno, lo que ocurre es que usted todavía no ha pasado por ello- dijo Alicia-, pero llegará el día en que se convertirá en crisálida y después en mariposa, y entonces ¡ya veremos lo que siente usted!
-¿Y qué iba a sentir? ¡Pues nada!
- Está bien -concedió Alicia- Es posible que sus sentimientos y los míos sean muy distintos, pero puedo decirle que yo en su lugar me sentiría muy rara.
- ¡Tú! -exclamó con desdén la Oruga- ¿Y quién eres tú, si se puede saber?

{Alicia en el país de las maravillas}
Lewis Carroll


 

martes, 15 de marzo de 2011

{dulce silencio que me acompañas}




“Dulce silencio que me acompañas,
dime si aún escuchas mis latidos,
dime si aquello que pensé que estaba muerto en mí aún está vivo”.