Solemos pensar que el futuro es el que marcará nuestra vida, le damos tanta importancia que a veces nos olvidamos de que realmente estamos viviendo en el presente, de que el futuro es incierto.
Nunca parecemos sentirnos suficientemente felices, pero erróneamente nos consolamos pensando que nuestro futuro será mejor. Nunca tenemos tiempo de hacer nada ni de decirles a nuestros seres queridos que nos importan. Nunca nos ponemos en su lugar, nunca pensamos que ellos pueden ser igual de infelices que nosotros y que a veces un “te quiero” es suficiente para paliar su infelicidad. Esperamos a acabar la carrera para ser felices, pero una vez acabada la felicidad no llega. Esperamos a dejar nuestro trabajo actual para conseguir otro, pero cuando lo conseguimos seguimos siendo igual de desdichados. Decimos que nos vamos a apuntar a clases de pintura en cuanto acabemos la universidad, pero cuando acabamos la universidad decimos que iremos cuando acabemos el master, cuando acabamos el master decimos que iremos cuando tengamos trabajo y cuando tenemos trabajo decimos que cuando tengamos un trabajo mejor. Queremos viajar, pero pensamos que si no tenemos tiempo para la pintura tampoco lo tendremos para ver un musical en Nueva York. Nos ponemos a dieta y pensamos que cuando perdamos esos 10 kilos que nos sobran seremos más felices y podremos salir a cenar con nuestras amigas. Decimos que vamos a llamar a nuestra amiga hoy, pero los días pasan y seguimos sin saber nada de ella, ya nos veremos el fin de semana que viene, y si no al mes que viene. Seguimos acudiendo a nuestras aburridas clases como si fuésemos a Auschwitz pensando que cuando aprobemos la oposición todo cambiará.
Nos tiramos horas lamentándonos porque nuestra vida es un asco y rogamos a Dios que nos dé un poco de inspiración para encontrar la fórmula de la felicidad mañana, o el lunes, o la semana que viene, o el mes que viene, o cuando acabemos la carrera, o cuando tengamos novio, o cuando tengamos hijos, o cuando adelgacemos...
¿Qué tal si te dijera que la felicidad está delante de tus ojos pero no eres capaz de verla? La felicidad la puedes conseguir hoy, ¿por qué esperar a mañana?
No esperes a que llegue el fin de semana, llama a tu amiga y pasad un día juntas, los baldosines de la cocina pueden esperar un día más. Ponte esos pantalones que tanto te gustan aunque te queden un poco estrechos y sal con tus amigas a cenar.
Dile a tu novio cuánto le quieres cada día y bésale como lo hiciste la primera vez. Escápate un fin de semana con él a cualquier sitio, piensa que aunque quizás no sea el más bonito del mundo vosotros lo embelleceréis.
Ve a tus clases con una sonrisa y piensa en ellas no como un paso para conseguir tu objetivo, sino como un objetivo en sí. Apúntate a clases de pintura, es sólo una hora a la semana, date ese capricho. Intenta ver sólo las cosas buenas de tu trabajo, los amigos que tienes allí, que está cerca de tu casa, que la ensaladilla está muy buena...
Vive tu presente y olvídate del futuro. Haz lo que te apetezca en cada momento sin posponerlo, vive como si fuese el último día de tu vida.








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